jueves, 25 de febrero de 2016

MASONERÍA Y REGLA BENEDICTINA.



En esta entrada del blog vamos a tratar someramente un tema tan desconocido como interesante: la influencia de la Regla Benedictina en el ritual masónico.



Los dos mejores libros que existen acerca del desarrollo del ritual masónico durante la etapa operativa (en realidad, los dos realmente serios) son obra del masonólogo francés Patrick Négrier, Uno es La TULIP. Histoire du rite du Mot de Maçon de 1637 à 1730, y el otro es Le rite des Anciens Devoirs (Old Charges 1390 - 1729), ambos publicados por Editions Ivoire-Claire en 2005 y 2006 respectivamente.

En La Tulip Négrier ya plasmaba una idea que desarrolló posteriormente en Les Anciens Devoirs: que el Rito de los Antiguos Deberes, rito que emplearon los masones operativos para pasar a un aprendiz al grado de compañero desde finales de los 1300, tenía muchos elementos comunes con la Regla de San Benito de Nursia, fundador de la orden benedictina. En concreto, al manuscrito Regius (c.1395) es descrito como «un diálogo entre La República de Platón y la Regula Monachorum de San Benito de Nursia».


Abadías cistercienses en Inglaterra antes de la Reforma

San Benito de Nursia, por Vicente Berdusán
Durante los Siglos XII y XIII se produciría un fenómeno religioso de origen francés: la Orden del Císter, que gracias a la energía de Bernardo de Claraval se extendería por toda Europa. La Orden del Císter practicaba la Regla de San Benito, y dado el extraordinario desarrollo y peso específico de esta Orden, su Regla se convirtió en un paradigma ritual. En una Inglaterra bajo gobierno normando, su desarrollo fue inmediato. Sin duda no solo fueron únicamente los usos masónicos los que se inspiraron en la Regula Monachorum, sino sin duda todos los gremios, máxime si tenemos en cuenta que la Iglesia era el principal cliente de muchos gremios. Era la etapa de las Cruzadas y el comienzo de la construcción de las grandes catedrales. En el siglo XIV era normal que muchos canteros fuesen monjes cistercienses, pero aun así eran insuficientes para llevar a cabo sus obras de construcción, por lo que hubieron de contratar logias de masones operativos. Al trabajar codo con codo con los monjes, los masones adoptaron muchos usos de los monjes cistercienses, es decir, de la Regla Benedictina.


Monjes cistercienses en los restos de la abadía de Rievaulx, en el condado de York. Durante la Reforma las abadías fueron abandonadas y despojadas de todo aquello que se considerase de valor.

Obviamente, dado que la masonería se gestó en Gran Bretaña, las semejanzas entre la Regla y el ritual masónicos se aprecian mejor en los rituales en lengua original inglesa, tales como Emulación o York. Es común encontrar palabras que son muy familiares para los que trabajamos el ritual en inglés: zealseniorsquarestability, etc., del mismo modo que hay numerosas frases del ritual cuyo origen se haya en la Regla Benedictina. Vamos a ver algunos de los elementos masónicos en los que se reconoce la Regula Monachorum.

La labor del Guardatemplo está inspirada en el capítulo LXVI "Del portero del monasterio":
A la puerta del monasterio póngase a un anciano discreto, que sepa recibir y dar respuestas, y cuya madurez no le permita estar ocioso. Este portero debe tener su celda junto a la puerta, para que los que lleguen encuentren siempre presente quién les responda. En cuanto alguien golpee o llame un pobre, responda enseguida "Gracias a Dios" o "Bendíceme", y con toda la mansedumbre que inspira el temor de Dios, conteste prontamente con fervor de caridad.
Resulta obvio que la llamada a la puerta de la abadía conllevaba un breve intercambio de frases ("dar y recibir respuestas"), por lo general bendiciones, hasta cierto punto semejantes al ritual de Primer Grado.

El Cand., preparado por el Guardatemplo Exterior según las normas establecidas, se encuentra en el exterior, ante la puerta de la Logia. El G.E. da tres golpes espaciados en la puerta. Dando los golpess de Ap. más espaciados, el G.E. indica que el Cand. está preparado.
Guardatemplo Interior se levanta, hace el Paso y el Signo de Aprendiz y se dirige al S.V. Hno. Segundo Vigilante, llaman a la puerta de la Logia mantiene el Signo.
S.V. sentado, da golpes de Ap. Se levanta, hace el Paso y el Signo de Aprendiz y se dirige al V.M. — Venerable Maestro, llaman a la puerta de la Logia mantiene el Signo.
V.M. — Hno. S.V., preguntad quién solicita admisión.
S.V. corta el Signo y se sienta Hno. G.I., ved quién solicita admisión.
G. I. corta el Signo, se dirige a la puerta de la Logia y la abre. Sin salir de la Logia, situado en el umbral, con la mano en el pomo de la puerta, se asegura de que el Cand. esté debidamente preparado y pregunta en voz alta al G.E. ¿Quién os acompaña?
G.E. desde fuera El Sr. ... nombre y apellidos del Cand., un pobre candidato, falto de luz...


La mesa del Ágape. Los monjes pasaban (y pasan) en el refectorio una parte significativa de su tiempo. Esto, unido a la naturaleza tan esencial del hecho de comer, provocó que las refecciones estuviesen ritualizadas de un modo que resaltaba la autoridad del abad y la jerarquía de aquellos en quienes delegaba. Esta demostración de la jerarquía se realizaba por el lugar que cada uno ocupaba en el refectorio, el cual era presidido por la mesa del abad, que es lo que en protocolo moderno denominamos «mesa de honor». La disposición de la mesa durante el Ágape, habitualmente en U, con el Venerable presidiendo la Mesa de Honor y los dos Vigilantes cuidando de las columnas, está inspirada en el capítulo LVI "La mesa del Abad".
Reciba siempre el abad en su mesa a huéspedes y peregrinos. Cuando los huéspedes sean pocos, puede llamar a los hermanos que él quiera; pero procure dejar uno o dos ancianos entre los hermanos, para que mantengan la disciplina.
Los monjes se sentaban en las mesas según su prelación en el organigrama del monasterio. Este lugar no se podía cambiar a voluntad, tal y como disponía la Regla de Ferreolo:
…nadie se atreva a ir a otra mesa diferente de aquella en la que se ha determinado que coma y no se permita a nadie aceptar a otro que venga desde otra mesa para comer en la suya, sino que cada cual coma en la mesa que se le ha asignado, de tal manera que, si en la mesa estuviere ausente la mayor parte de los hermanos, si quedan tres, que se siente cada uno en la suya. Los que queden por debajo de este número que coman en otra mesa según el orden que se ha determinado.
Actualmente, en el protocolo masónico, los hermanos que no pueden levantarse de la mesa son los miembros de la mesa de honor y los dos Vigilantes. En el caso del Venerable Maestro y los Vigilantes, si no tienen más remedio que levantarse, deben dejar a otro hermano ocupando su lugar, pues son asientos que no pueden estar vacantes.


Disposición habitual de los monjes en el refectorio


Ágape Fraternal en dos Logias masónicas


Las plegarias. No hay ninguna ceremonia masónica en la Masonería Antigua que no comience elevando una plegaria. Este hecho viene establecido por el mismo prólogo, donde podemos leer:
In primis, ut quidquid agendum inchoas bonum, ab eo perfici instantissima oratione deposcas.
Ante todo, cuando te dispones a realizar cualquier obra buena, pídele con oración muy insistente y apremiante que él la lleve a término.

Pero sucede además algo muy curioso: aunque agendum suela ser traducido en el ritual de Emulación en español como «obra», no significa eso. Agendum es la forma sustantiva del neutro de agendus, lo que se traduciría como «lo que va a ser hecho», o dicho en inglés «what we are about to do», palabras que aparecen en el Ritual de Emulación: 
V.M. — Que el candidato se arrodille mientras invocamos la bendición del Cielo sobre los trabajos que vamos a realizar.
Let the Candidate kneel while the blessing of Heaven is invoked on what we are about to do.
Es decir, el la versión inglesa del ritual de Emulación se ciñe al término latino.


La asamblea y el Comité de Logia parecen estar inspirados en el capítulo III "El Consejo comunitario":
Siempre que en el monasterio haya que tratar asuntos de importancia, convoque el abad a toda la comunidad, y exponga él mismo de qué se ha de tratar. Oiga el consejo de los hermanos, reflexione consigo mismo, y haga lo que juzgue más útil. Hemos dicho que todos sean llamados a consejo porque muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor.
Los hermanos den su consejo con toda sumisión y humildad, y no se atrevan a defender con insolencia su opinión. La decisión dependa del parecer del abad, y todos obedecerán lo que él juzgue ser más oportuno. Pero así como conviene que los discípulos obedezcan al maestro, así corresponde que éste disponga todo con probidad y justicia.
Pero si las cosas que han de tratarse para utilidad del monasterio son de menor importancia, tome consejo solamente de los ancianos (Seniors), según está escrito: "Hazlo todo con consejo, y después de hecho no te arrepentirás".

En el capítulo LVIII, "El modo de recibir a los Hermanos", encontramos algunos detalles de la ceremonia de Iniciación. Se hace mucho hincapié en que se lea y relea la Regla al candidato, del mismo modo que se hacía mucho énfasis, no solo en los Antiguos Deberes, sino también en la Masonería especulativa, a que se leyesen los Estatutos (aunque el 12 de septiembre de 1979 la UGLE decidió que se comenzasen a eliminar las recomendaciones de leer los Estatutos).
No se reciba fácilmente al que recién llega para ingresar a la vida monástica, sino que, como dice el Apóstol, "prueben los espíritus para ver si son de Dios".
Por lo tanto, si el que viene persevera llamando, y parece soportar con paciencia, durante cuatro o cinco días, las injurias que se le hacen y la dilación de su ingreso, y persiste en su petición, permítasele entrar, y esté en la hospedería unos pocos días. Después de esto, viva en la residencia de los novicios, donde éstos meditan, comen y duermen. Asígneseles a éstos un anciano que sea apto para ganar almas, para que vele sobre ellos con todo cuidado.
Debe estar atento para ver si el novicio busca verdaderamente a Dios, si es pronto para la Obra de Dios, para la obediencia y las humillaciones. Prevénganlo de todas las cosas duras y ásperas por las cuales se va a Dios. Si promete perseverar en la estabilidad, al cabo de dos meses léasele por orden esta Regla, y dígasele: He aquí la ley bajo la cual quieres militar. Si puedes observarla, entra; pero si no puedes, vete libremente.
Si todavía se mantiene firme, lléveselo a la sobredicha residencia de los novicios, y pruébeselo de nuevo en toda paciencia. Al cabo de seis meses, léasele la Regla para que sepa a qué entra. Y si sigue firme, después de cuatro meses reléasele de nuevo la misma Regla.
Y si después de haberlo deliberado consigo, promete guardar todos sus puntos, y cumplir cuanto se le mande, sea recibido en la comunidad, sabiendo que, según lo establecido por la ley de la Regla, desde aquel día no le será lícito irse del monasterio, ni sacudir el cuello del yugo de la Regla, que después de tan morosa deliberación pudo rehusar o aceptar.

El siguiente párrafo es, con toda probabilidad, el origen de que el Candidato entre a la Logia medio vestido y medio desnudo.
Después, en el oratorio, sáquenle las ropas suyas que tiene puestas, y vístanlo con las del monasterio. La ropa que le sacaron, guárdese en la ropería, donde se debe conservar, pues si alguna vez, aceptando la sugerencia del diablo, se va del monasterio, lo que Dios no permita, sea entonces despojado de la ropa del monasterio y despídaselo. Pero aquella petición suya que el abad tomó de sobre el altar, no se le devuelva, sino guárdese en el monasterio.




El Brindis por los Hermanos Ausentes, el cual se celebra a las 21:00, está inspirado en el capítulo LXVII, "Los hermanos que salen de viaje". Las horas canónicas en las que San Benito estableció la distribución del día según los rezos fueron maitines (medianoche), laudes (3:00), prima (6:00), tercia (9:00), sexta (12:00), nona (15:00), vísperas (18:00) y completas (21:00). En el citado capítulo encontramos el siguiente texto:
Los hermanos que van a salir de viaje, encomiéndense a la oración de todos los hermanos y del abad. Y en las preces conclusivas de la Obra de Dios, hágase siempre conmemoración de los hermanos ausentes.
«Las preces conclusivas» de la Obra de Dios son las oraciones con que finaliza el oficio de Completas, oficio que tiene lugar a las nueve de la noche. Y el brindis masónico por los hermanos ausentes, que tiene lugar a las nueve de la noche, es una modalidad secularizada de lo que, en la Regla Benedictina, era la oración por los hermanos que se hallaban de viaje.



La Escalera de Jacob, que aparece en el Tablero de Trazo de Primer Grado, aparece en el capítulo VII "La humildad":
Debemos erigir la escalera que se le apareció a Jacob en su sueño, por la cual se le mostraron los ángeles subiendo y bajando. Sin duda, entendemos esto como el ascenso que experimentamos por la humildad y el descenso que sufrimos por el orgullo.
El capítulo VII "La humildad" es el más extenso e importante de la Regla Benedictina. En él se van exponiendo los doce grados de humildad que debe cumplir el monje en su perfección. Este capítulo es tan fundamental que es el que se empleará en el manuscrito Regius (c.1395) para crear la primera versión secularizada de un camino iniciático, al sustituir los doce grados de humildad por las siete artes liberales. Un tema de tanta importancia como el manuscrito Regius ha requerido su propia entrada en el blog, la cual pueden leer aquí:



El Signo de Socorro de la Masonería Antigua, que es el que se mantiene en Estados Unidos, Escocia e Irlanda, también proviene de la Regla Benedictina. El Ritual de Emulación describe así los distintos Signos de Socorro:

El Signo de Socorro se hace ... Este Signo tiene su origen en el momento en que nuestro Maestro se dirigía de la puerta norte del Templo a la del este, y cuando su agonía fue tal que la transpiración formaba grandes gotas en su frente. Utilizó, pues, este Signo — lo hace y el candidato lo imita — como alivio temporal a sus sufrimientos. En algunos países europeos el Signo de Socorro se hace …, exclamando «¡Ayudadme — corta el Signo y el candidato lo imita —, hijos de la Viuda!», suponiendo que todos los Maestros Masones somos hijos de Hiram Abiff, quién fue hijo de una viuda. En Escocia, Irlanda y los Estados Unidos de América, el Signo de Socorro se hace de una tercera forma, elevando las manos … y … en tres movimientos distintivos mientras se exclama «¡Oh Señor Dios mío, oh Señor Dios mío, oh Señor Dios mío! ¿No hay ayuda para el hijo de la Viuda?».
La primera descripción del Signo de Socorro en el ritual es la propia de Inglaterra, es decir, la que empleaban los Modernos de Londres. La segunda es la forma francesa. Pero la que nos interesa es la tercera, la Escocia, Irlanda y Estados Unidos, pues son los tres países donde se mantiene la Masonería Antigua más pura. La triple repetición de la última frase viene perfilada en varios capítulos de la Regla. El capítulo XVIII Ordenación de la Salmodia comienza con las siguientes palabras: 
En primer lugar se ha de comenzar con el verso «Dios mío, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme», gloria y el himno de cada hora.

En el capítulo XVII Cuántos salmos se han de cantar a dichas horas encontramos el siguiente texto:
A la hora de prima se dirán tres salmos separadamente, esto es, no con un solo gloria, y el himno de la misma hora después del verso «Dios mío, ven en mi auxilio». Acabados los tres salmos, se recita una lectura, el verso, Kyrie eleison y las fórmulas conclusivas.
Y del mismo modo, en el capítulo XXXV Los semaneros de cocina, encontramos un elemento ritual semejante:
Los semaneros que terminan y comienzan la semana, el domingo, en el oratorio, inmediatamente después del oficio de laudes, se inclinarán ante todos pidiendo que oren por ellos. Y el que termina la semana diga este verso: «Bendito seas, Señor Dios, porque me has ayudado y consolado». Lo dirá por tres veces y después recibirá la bendición. Después seguirá el que comienza la semana con este verso: «Dios mío, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme». Lo repiten también todos tres veces, y, después de recibir la bendición, comienza su servicio. 

Los tratamientos. En el capítulo LVIII "Del orden en el monasterio" encontramos esta alusión a los tratamientos, de donde seguramente proceda el hábito masónico de tratarse como hermanos:
Al nombrarnos unos a otros nadie podrá dirigirse a otro solo por su nombre, sino que los más viejos se dirigirán a los más jóvenes hermanos (brethren), como hermanos (brothers); no obstante los más jóvenes se dirigirán a sus ancianos (elders) como "padre", lo que implica que les deben la reverencia que se debe a un padre.


En ocasiones nos encontramos curiosas coincidencias. Por ejemplo si comparamos este párrafo del Manuscrito Dumfries nº 4 (documento de corte arminiano, mucho más próximo al catolicismo que el calvinismo imperante en la zona)
5.- ¿El misterio de los querubines?
R.- Primero significaban la gloria celestial y la vida eterna que debe venir. Pintados a imagen del hombre, representan el coro de los santos ángeles y de los santos, que cantan el Te Deum laudamus
con este párrafo del capítulo XI "Vigilias dominicales":
Después del cuarto responsorio empiece el abad el himno Te Deum laudamus. Una vez dicho, lea el abad una lectura de los Evangelios, estando todos de pie con respeto y temor.


Seiscientos años son muchos años, máxime si tenemos en cuenta las transformaciones que ha experimentado la Masonería. Pero no podemos olvidar que, en sus orígenes operativos, antes de la Reforma Protestante y de la creación de la Iglesia Anglicana, los masones constituían un gremio minuciosamente católico, al punto de que las primeras quemas de documentación masónica tienen lugar en Inglaterra cuando la corona inglesa empieza a acosarlos por mantenerse en su fe católica y su resistencia a aceptar el anglicanismo. Paulatinamente, y sobre todo desde la introducción del calvinismo en Escocia por John Knox, la Masonería comenzaría a evolucionar hacia algo distinto.

5 comentarios:

  1. Se pueden encontrar sin duda parecidos entre un ritual masónico y la regla benedictina, pero ¿significa que eso es simplemente un calco sin más, una copia tal cual? La cosa no se antoja tan fácil, si pensamos para la mentalidad medieval toda acción y gesto va aparejado a un fin que más allá de su función práctica obtiene su validez por una función simbólica y espiritual, lo cual no quiere decir que que sea menos real que la práctica; pues lo que funda una y otra es la intencionalidad...

    Dos acciones semejantes o incluso iguales no quiere decir que tengan la misma intención: ayunar por cuaresma o para bajar de peso cumplen iguales funciones fisiológicas y para un observador externo y no avisado, aunque la intención y el significado sean radicalmente diferentes.

    También es importante tener en cuenta que determinadas actitudes y comportamientos se repiten en diferentes ámbitos para llevar a cabo una función similar sin que signifique que hayan sido copiados tal cual. Por ejemplo, cuando la regla benedictina hace referencia a que los candidatos al noviciado sean tratados ásperamente y con indiferencia para probar la sinceridad de su intención, y se puede ver en ello un reflejo en los rituales de iniciación masónica o en las aplomaciones, no debe sorprender tampoco que idéntico trato reciban por ejemplo los aspirantes al taçawwuf (sufismo), cuando son rechazados varias veces antes de entrar en la tariqah (logia sufí) para probar su perseverancia, y cuando son admitidos, son puestos a realizar los quehaceres más penosos y serviciales, como barrer, servir la mesa... ¡vaya, pero si eso es también lo que hacían los aprendices masones! ¿Debemos concluir que hubo una copia de la regla benedictina al taçawwuf islámico? En fin... en nuestra opinión las cosas son más complejas de lo que nuestra mentalidad racionalista quisiera, que hace que nos parezcamos poco a unos hombres que vivieron hace 800 años, aunque aparentemente "hagamos lo mismo".

    Por lo demás, el componente iniciático o espiritual de una orden, y el cuerpo y el alma que lo sustenta, no se inventa, no lo crean dos o tres señores imitando gestos y pensando hacer esto o lo otro según les parece en el momento. Eso es algo que se suele olvidar.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Estimado ALberto. Creo que se te ha ido la mano y el ensueño. Estoy contigo con el tema de que P. Negrier es un buen masonologo, aunque a veces peque más bien teólogo, lo cual tiene su punto, pero su lectura ha de ser comedida y contrastada pues de lo contrario podéis terminar siendo un fiel seguidor de E. Callaey, y sus teorias benedictinas y el proseguir la Senda del Venerable Veda, ese filón lo intentó Callaey y ha tenido vela en grupos de masonería antigua y masones cristianos, hasta tal punto que a veces uno no sabía si hablaban de logias o de monasterios. He sido miembro de la Regla de san Benito, y es cierto que uno puede encontrar concomitancias entre masonería, una determinada masonería, y la vida mistica benedictina, pero hay que sujetar las riendas de la elucubración , la masonería ha tomado prestamos diversos y ha sido traspasada por escuelas y filosofias y de esos posos queda mucho del medievalismo, y más si nos empeñamos en ver sus simbólica como una reconstrucción viva del medievo, del cual creo que los Hermanos 1717 huían en base a postulados importante y novedosos . Creo que quien me antecede en el comentario te lo deja claro. Ten cuidado con la vía del Venerable Veda. Tu amigo

    ResponderEliminar
  3. Gracias por vuestros comentarios, 4Gammas y Víctor. No creo que haya que buscar una identidad espiritual entre las órdenes monásticas y la Masonería, aunque quizá he decir que entiendo que Callaey lo haya intentado porque él es de la vertiente rectificada, pero yo personalmente creo que son dos cosas muy distintas. Lo planteo únicamente como una curiosidad formal. Era lógico que en en el momento de elaborar un ritual en la Edad Media no pudiesen evitar tomar como referencia algo tan hegemónico entre sus propios patrocinadores. Pero no me negaréis que no deja de tener su encanto que haya fórmulas y procedimientos tan arcaicos que se han mantenido hasta 600 años después. Por poner un ejemplo asimilable, el Imperio Romano y la Iglesia Católica no son lo mismo, pero la segunda aprovechó, por contexto histórico, muchas cosas del primero, y el caso de los masones sería hasta cierto punto parecido con los usos monásticos.

    ResponderEliminar
  4. Que hubo una relación de interdependencia, de transversalidad como se dice ahora, entre órdenes monásticas y gremios de constructores es más que seguro. La revolución por ejemplo del gótico, lo que supuso en cuanto a nuevos desarrollos técnicos y constructivos en unión a postulados e ideas filosóficas y teológicas que daban expresión a nuevas formas en la búsqueda de la belleza, de la armonía como presencia sensible de la propia actividad divina, en el conocimiento profundo de la verdad a través de la naturaleza. Estoy pensando por ejemplo en los filósofos de la Escuela de Chartres, o en los franciscanos que siguen la teoría de la iluminación de San Agustín, y que investigan y desarrollan sus cosmologías en el estudio de la naturaleza de la luz y del espacio (generación del espacio por la luz) recurriendo a la geometría, véase el caso del inglés Roberto Grosseteste, por ejemplo, maestro de Roger Bacon. No es necesario insistir en este sentido en la importancia del la luz como símbolo y del concepto de iluminación en la Masonería, ligado a su vez a la geometría, aunque dicho símbolo haya adquirido después otras acepciones más o menos espurias relacionadas con las corrientes filosóficas de la Ilustración.

    Sería todo ello muy interesante de investigar de una manera profunda.

    ResponderEliminar
  5. Habiendo leído a Callaey y ahora mismo esta entrada tengo que decir que no siendo historiador pero si Máson que no me parece nada disparatada la conexión que se hace entre la regla monástica y la masoneria y que la estrecha relación entre los gremios y la iglesia podría ser una razón de estas concomitancias

    ResponderEliminar