domingo, 18 de agosto de 2019

GEOBIOLOGÍA Y CONSTRUCCIÓN DE TEMPLOS.



El tema que vamos a tratar en esta entrada del blog no tiene absolutamente nada que ver con la masonería especulativa. De hecho no tiene nada que ver realmente con la razón de ser de este blog. Pero el tema no deja de resultarme atractivo, nos permite entrever por encima una faceta olvidada del universo de los masones operativos y, expresado a la manera infantil de un niño que se sabe dueño de la pelota e impone sus reglas al jugar, ser el autor del blog te permite este tipo de licencias. No obstante, creo que se trata de un tema sumamente interesante y que resultará ilustrativo para muchos.

La idea de esta entrada surgió realmente hace ocho años (de hecho, antes de que existiese este blog), cuando escuché la entrevista que Miguel Blanco realizó a Daniel Rubio en su programa Espacio en Blanco. Podéis escuchar el podcast de esta entrevista clicando sobre esta imagen:



Este breve texto a duras penas puede ofrecer una imagen del peculiar universo  de los masones operativos, a medio camino entre lo profesional y lo esotérico. En realidad, para los canteros nada de su labor estaba exento del componente trascendente, y lo que era su obra de construcción de un edificio iba acompañado de una obra de construcción personal. Igualmente, los masones operativos eran depositarios de un vasto legado de conocimiento, en buena parte esotérico. Conceptos que vamos a tratar aquí como el rectángulo solar, para los ellos iba asociado a las energías del cosmos, mientras que el rectángulo lunar iba asociado a las energías de la tierra. Sin llamarlo por ese nombre, los masones estaban familiarizados con lo que hoy denominamos mandalas, del mismo modo que vivían inmersos en un simbolismo de enorme riqueza y un tipo de sabiduría que hoy suele menospreciarse.

Laberinto de la catedral de Chartres.

Quizá lo que más nos pueda sorprender es que los masones medievales - como cualquier cultura que haya levantado construcciones sagradas, ya sea un megalito o la catedral de Chartres - lo hacían teniendo muy en cuenta las energías telúricas del lugar, así como la presencia de corrientes de agua (entre los masones siempre había radiestesistas). A diferencia de hoy en día, en que concebimos el templo como una construcción estática, los masones operativos concebían una iglesia, por humilde que fuese, como una maquinaria capaz de gestionar energías telúricas y provenientes de las corrientes de agua, lo que ocasionaba que cada templo tuviese su propia dinámica energética. El hecho de que una iglesia estuviese supeditada a los requisitos telúricos del lugar es la razón por la que muchas iglesias están situadas en lugar aparentemente ilógicos, en medio del campo o alejadas de los núcleos urbanos. Hay lugares cuyo componente energético ha provocado que se construya un templo, pero sin embargo por ese mismo factor energético serían pésimos lugares para vivir. Tanto las energías telúricas como los campos generados por cauces de agua son un tema todavía a medio camino entre los científico y lo fantástico, refrendado por la experiencia pero solo en parte conocido.

Al referirnos a las fuerzas telúricas o "venas del dragón" conviene también citar las denominadas "líneas ley".


LAS LÍNEAS LEY

Las líneas Ley fueron descubiertas por un arqueólogo aficionado ingles llamado Alfred Watkins, quien se percató de que había en suelo inglés algunas líneas en las que se concentraba un gran número de iglesias. Watkins pasó la mayor parte de su vida profesional viajando por toda Gran Bretaña, lo que le llevaría a prestar atención a ciertas alineaciones entre los antiguos centros religiosos paganos tales como túmulos, círculos de piedras y monolitos (e incluso algunas iglesias cristianas primitivas, que solían estar construidas sobre restos de santuarios paganos más antiguos). Watkins acuñó el término líneas ley (ley lines), a partir del hecho de que los lugares donde estas líneas se cruzaban o terminaban tenían a menudo nombres que acababan en -ley, -ly o -leigh, (que, en anglosajón antiguo, significa "prado", "tierra limpia" o "despejada". Afirmaba que estas líneas eran antiguas vías comerciales y procesionales paganas, que conectaban los antiguos lugares de adoración.

La línea ley más conocida de Inglaterra, a lo largo de la cual se encuentran numerosos templos, así como Stonehenge.



LOS CAUCES DE AGUA

Los masones operativos tenían muy en cuenta los cauces de agua a la hora de establecer

la estructura energética del templo. De hecho, Daniel Rubio explica que "cuando no había corrientes de agua ponían en el subsuelo cantos de ríos, que mantenían la memoria del agua, lo que confundía también a los radiestesistas". Un ejemplo claro de esto es el del laberinto de la catedral de Chartres, el cual se halla sobre una amplia corriente de agua. Rubio critica también las obras realizadas en la catedral de Santiago de Compostela, donde, para evitar humedades, se han cegado con cemento los conductos de agua que circulan en la base de la catedral, deteriorando el sistema energético de la catedral.



La catedral de Nôtre Dame de París, aparentemente simétrica, muestra un giro notable a partir del transepto. Además las dos naves laterales de la izquierda son mas anchas que las de la derecha. Podemos también ver que la alineación de los pilares se desplaza notablemente siguiendo las corrientes de agua.


Corrientes de agua, natural y artificiales, del subsuelo de la catedral de Chartres.


CÓMO CONSTRUÍAN UN TEMPLO LOS MASONES

Lo primero que el maestro de obras tenía que hacer era localizar el este y establecer en qué puntos salía y se ponía el sol en el momento de los solsticios y equinoccios. Los solsticios y equinoccios se determinaban gracias a una vara y estudiando las proyecciones de su sombra: en ambos equinoccios las sombras deberían ser de idéntica longitud, en el solsticio de invierno la sombra alcanzaría su mayor longitud, y en el de verano la sombra sería la más corta del año. El elemento diferenciador era la latitud.




Una vez que se conocían los puntos de las salidas y puestas de sol en los solsticios, con estos puntos creaban el denominado rectángulo solar.



A continuación establecían en qué puntos salía y se ponía la luna en los solsticios, creando el denominado rectángulo lunar.



Una vez establecido el rectángulo solar y el rectángulo lunar, se creaba el cuadrado madre.




Girando el cuadrado madre 45º se generaba el cuadrado padre.



Y ya con estos puntos y figuras geométricas establecidas se creaba la planta del templo, cuyas proporciones iban a estar siempre en función de estos cuadrados:



En teoría, el templo debía estar orientado de manera perfecta siguiendo el eje este - oeste, de modo que los las ventanas del ábside estén orientadas hacia los puntos de salida del Sol, en ese lugar, los días de los solsticios y equinoccios. Por la ventana situada en el noreste entran los primeros rayos de Sol el día del solsticio de verano; por la central, orientada justo en la dirección este, los dos días de los equinoccios; y por la que está hacia el sureste, el día del solsticio de invierno. Sin embargo, son una minoría de templos los que están orientados así, de manera perfecta. Es más habitual que estén ligeramente desviados, por lo general debido a las servidumbres que impone la orografía, pero también para que, en la fecha de la festividad del santo patrón de la iglesia, la luz entrase directamente por una de las ventanas del ábside.

A partir de los cuadrados padre y madre se generaban también otros rectángulos y círculos (etérico, ígneo, etc.) que establecían dónde se debían ubicar las columnas. Los capiteles tampoco tenían todos la misma jerarquía: algunos solo recibían la luz del sol en contadas ocasiones durante el año, mientras otros estaban mucho más expuestos a la iluminación.


Capitel de la iglesia de Santa María del Bareyo en Cantabria. Los dos dragones mordiéndose nos indican que en la base de esa columna se halla un cruce de corrientes telúricas, representadas por los dragones.

En el momento de construir la catedral de Le Mans, los masones consideraron oportuno mantener el menhir de 4.55 metros de altura que había ocupado anteriormente ese lugar sagrado, de modo que lo ubicaron en su fachada oeste.



La orientación de la ermita de San Bartolomé de Ucero en el cañón del río Lobos, provincia de Soria, que para algunos investigadores fue construida bajo el patrocinio de la Orden del Temple, no sigue la orientación clásica Este-Oeste. El eje longitudinal de la nave mayor está desviado entre 22 y 23 grados hacia el Noreste. Probablemente esta orientación extraña pretenda alinear las ventas con la salida y puesto del sol el 11 de junio, festividad de San Bartolomé en el calendario oriental.




EL CRISMÓN

Si bien el crismón era en teoría un cristograma habitual formado por la X y la P, los masones operativos lo empleaban para dejar constancia de los puntos solsticiales, lo que en la práctica equivalía a ofrecer un resumen de la geometría del templo o, como decía Daniel Rubio en la entrevista:


El crismón nos está dando la salida del sol en los distintos solsticios y equinoccios, está dando las puestas de sol, el azimut norte, está dando la angulación del cuadrilátero solsticial y el cuadrilátero lunar, y un dato muy importante: el crismón tiene abajo una serpiente. Si la serpiente está totalmente por encima de la barra, nos está diciendo que las energías telúricas no están dominadas en la iglesia. Si la barra pasa por encima de la serpiente (vemos que la serpiente pasa por encima y por debajo) las energías están dominadas. En cuanto el maestro cantero ve el crismón, ya sabe cómo funciona la estructura energética de la iglesia.

Si el trazo descendente de la P no pasa por encima de la serpiente, y es esta la que se halla por encima de la P, ello significa que las energías del templo no están dominadas.


No me extiendo más. Para aprender de este tema lo mejor es consultar la página web de Daniel Rubio. Os incluyo algunos vídeos y enlaces que ofrecen una información mucho más extensa. Los vídeos sobre la iglesia románica de Santa María del Bareyo, en Cantabria, no tienen desperdicio.