lunes, 12 de diciembre de 2016

EL GRADO PERDIDO DE LA INSTALACIÓN.



Fragmento del Muro de Adriano en Newcastle

Hoy vamos a ver un rompecabezas del cual nos faltan piezas, por lo que no podremos establecer una conclusión clara. Se trata del enigma formado por tres grados, dos de los cuales van a aparecer juntos constantemente, primero en el norte de Inglaterra, y luego en Francia durante la gestación del R.E.A.A (Maestro Inglés y Harodim), más el grado añadido de Domaskin.

La tesis que voy a fracasar en demostrar es que, detrás de los grados de 6 Maestro Inglés, 7 Preboste y Juez, 23 Jefe del Tabernáculo y 24 Príncipe del Tabernáculo hay una leyenda común de carácter capitular y de Instalación, cuyo elemento central es el Arca de la Alianza. Pero no obstante deseo mostraros los elementos de juicio.

Una de las logias más interesantes de la historia masónica es la Highrodiam Lodge. Como su nombre indica se trata de una logia capitular (harodim, maestros). Esta logia está documentada con ese nombre en Winlanton (pueblecito a las afueras de Newcastle) en 1690 (F. de P. Castells en su libro La Antigüedad del Arco Real intenta demostrar, aunque no lo consigue de manera irrefutable, que el grado de Harodim es una fase primigenia del Arco Real). Esta Logia de Harodim se mudó en 1725 a Swalwell, actualmente un barrio de Newcastle, tan al norte de Inglaterra que el Muro de Adriano pasa por la ciudad. Es en esta época cuando se crea el grado de Made Free From Harodim, que conmemoraba la liberación de los lazos de aprendiz y el paso de Aprendiz Indenturado a Aprendiz Entrado.




Pero avanzando en el tiempo nos encontramos con una de las primeras alusiones al sistema de Maestro Instalado, Arco Real, y un grado de Harodim cuyo contenido no está claro. En 1746, el 1 de julio concretamente, un documento de la Highrodiam Lodge reza:
Para acceder al grado de Domaskin, los Highrodiam pagarán 1 chelín y 6 peniques, mientras que los Maestros Ingleses pagarán 2 chelines y 6 peniques.
Es decir, estos tres grados guardan una jerarquía. El Maestro Inglés es inferior al Highrodiam, que a su vez es inferior al Domaskin.

Estos dos términos. Maestro Inglés y Harodim, y en el mismo orden, nos los encontramos en los grados VI y VII del Rito Escocés Antiguo y Aceptado: VI Secretario Íntimo o Maestro Inglés y VII Preboste y Juez o Maestro Irlandés. Debemos tener en cuenta que Preboste es la traducción que Anderson ofrece de Harodim en sus Constituciones de 1734. De hecho el grado VII Preboste y Juez es presidido por Tito en calidad de Príncipe de los Harodim. Debemos recordar que estamos en plena diáspora jacobita, con la llegada masiva de jacobitas a Francia tras la derrota de Culloden, y es lógico que trajesen estos grados desde Escocia y el norte de Inglaterra.

En el grado VI aparece una palabra totalmente ajena que causa extrañeza pero que creo que tiene sentido. En el catecismo del grado se puede leer:

P.         ¿De qué país venís?
R.        De Cápule.
P.         ¿Vuestro apellido?
R.        Capulista.



Probablemente, el término que aparecía en el ritual inglés original no era «Capulista» sino «Guiblim» -la palabra de Maestro Instalado en Inglaterra-, y esta modificación se habría debido a un deseo expreso de eliminar la palabra «Guibelino» y sustituirlo por su opuesto. En los Antiguos Deberes ya aparece la palabra Giblim, término que nunca aparecía en los rituales calvinistas. Esto se debía, independientemente de su traducción hebrea, a que evocaba la lucha que tuvo lugar en el Siglo XII entre güelfos (partidarios del Papa) y guibelinos (partidarios del Emperador), conflicto  que se asimilaba al existente entre Roma y la Iglesia Anglicana, cuya cabeza era el Rey de Inglaterra. El término Giblim conllevaba un sentido de lealtad al monarca que los jacobitas no habrían podido aceptar, y es probable que fuese esta la palabra sustituida por «Capulista», probablemente como palabra de lo que hoy es la Instalación. No debemos olvidar que la rivalidad entre Capuletos y Montescos tiene su origen en que la familia Capuleto pertenecía al partido güelfo y la Montesco al partido gibelino, de ahí el odio tan atroz que se profesaban la una a la otra.

Un último detalle importante: las palabras que acompañan a los Toques son Berith (alianza), Neder (promesa) y Shelemoth (puro). Esto nos indica que detrás de este grado hubo una leyenda en la que aparecía como elemento principal el Arca de la Alianza.





Pero los grados de Maestro Inglés y Harodim vuelven a aparecer de nuevo en los grados 23 Jefe del Tabernáculo y 24 Príncipe del Tabernáculo. Estos dos grados hay que entenderlos como uno solo, pues en la lista de grados de Charleston en 1801 aparece como un grado, siendo dividido ya en Francia (tras la llegada de Grasse - Tilly, el SC de Francia los incluye como dos grados). El tema central que se desgaja en el grado 23 es el Arca de la Alianza, tema que comparte con el grado 6 Maestro Inglés. Y además sucede que en grado 26 Escocés Trinitario nos encontramos de nuevo la palabra «Capulista». ¿Cómo ha llegado ahí? Con toda probabilidad a partir de los grados 23 Jefe del Tabernáculo y 24 Príncipe del Tabernáculo, emparentados con el grado 6 Maestro Inglés. La razón por la que la palabra «Capulista» se desplazó del grado 24 al grado 26 es porque los grados 23 a 26 siguen una correlación, formaban originalmente el sistema de Escoceses Trinitarios, de los cuales el grado capitular era el 26 Escocés Trinitario, cúspide del sistema, y por eso le pasaron la palabra de la Instalación. Y tambien muy cerca en el grado 22 de Príncipe del Líbano, vuelven a aparecer los Harodim, pues el ritual dice:
Sus descendientes también cortaron cedros del Monte Líbano para el Arca de la Alianza, y su descendencia la tomó de los mismos bosques, dirigidos por príncipes Harodim, para la construcción del primer Templo de Dios por orden de Salomón.
Quisiera poder afirmar que resulta obvio que detrás de los grados de Maestro Inglés y Harodim, el 6 Maestro Inglés y el 7 Preboste y Juez del REAA, y los grados trinitarios 23 a 26 (con el 22?) hay un patrón semejante que respondería a una leyenda que habría girado en torno al Arca de la Alianza, de la cual habrían germinado el grado de Maestro Instalado, y un grado de Harodim o Preboste o Maestro Irlandés que podría ser el germen de la pretensión, primero de Maestros Irlandeses y después de Maestros Escoceses, de tener prelación y derecho de inspección sobre las logias simbólicas.

Y he de decir que no puedo afirmarlo. Pero ¿a que los indicios invitan a considerarlo?

Una última cosa: el grado de Domaskin. Con toda probabilidad Domaskin es una deformación de Domatic. Conforme se desarrolló el Arco Real en Inglaterra había que diferenciar a los Maestros Masones rasos de los que conocían el Toque del Arco Real. Los Maestros Masones del simbolismo empezaron a ser denominados Maestros Geométricos o Geomatics, mientras que los que conocían el Toque del Arco Real eran Masones Dogmáticos o Domatics, que es el nombre del ritual de Arco Real que se emplea hoy en día en Inglaterra y España: "Ritual Domatic". Tenemos aquí entonces tres dignidades distintas: la más alta, el Arco Real. La baja, de Maestro Inglés o Instalado, y un grado intermedio de Harodim cuyas prerrogativas no podemos definir con claridad.

jueves, 25 de febrero de 2016

MASONERÍA Y REGLA BENEDICTINA.



En esta entrada del blog vamos a tratar someramente un tema tan desconocido como interesante: la influencia de la Regla Benedictina en el ritual masónico.



Los dos mejores libros que existen acerca del desarrollo del ritual masónico durante la etapa operativa (en realidad, los dos realmente serios) son obra del masonólogo francés Patrick Négrier, Uno es La TULIP. Histoire du rite du Mot de Maçon de 1637 à 1730, y el otro es Le rite des Anciens Devoirs (Old Charges 1390 - 1729), ambos publicados por Editions Ivoire-Claire en 2005 y 2006 respectivamente.

En La Tulip Négrier ya plasmaba una idea que desarrolló posteriormente en Les Anciens Devoirs: que el Rito de los Antiguos Deberes, rito que emplearon los masones operativos para pasar a un aprendiz al grado de compañero desde finales de los 1300, tenía muchos elementos comunes con la Regla de San Benito de Nursia, fundador de la orden benedictina. En concreto, al manuscrito Regius (c.1395) es descrito como «un diálogo entre La República de Platón y la Regula Monachorum de San Benito de Nursia».


Abadías cistercienses en Inglaterra antes de la Reforma

San Benito de Nursia, por Vicente Berdusán
Durante los Siglos XII y XIII se produciría un fenómeno religioso de origen francés: la Orden del Císter, que gracias a la energía de Bernardo de Claraval se extendería por toda Europa. La Orden del Císter practicaba la Regla de San Benito, y dado el extraordinario desarrollo y peso específico de esta Orden, su Regla se convirtió en un paradigma ritual. En una Inglaterra bajo gobierno normando, su desarrollo fue inmediato. Sin duda no solo fueron únicamente los usos masónicos los que se inspiraron en la Regula Monachorum, sino sin duda todos los gremios, máxime si tenemos en cuenta que la Iglesia era el principal cliente de muchos gremios. Era la etapa de las Cruzadas y el comienzo de la construcción de las grandes catedrales. En el siglo XIV era normal que muchos canteros fuesen monjes cistercienses, pero aun así eran insuficientes para llevar a cabo sus obras de construcción, por lo que hubieron de contratar logias de masones operativos. Al trabajar codo con codo con los monjes, los masones adoptaron muchos usos de los monjes cistercienses, es decir, de la Regla Benedictina.


Monjes cistercienses en los restos de la abadía de Rievaulx, en el condado de York. Durante la Reforma las abadías fueron abandonadas y despojadas de todo aquello que se considerase de valor.

Obviamente, dado que la masonería se gestó en Gran Bretaña, las semejanzas entre la Regla y el ritual masónicos se aprecian mejor en los rituales en lengua original inglesa, tales como Emulación o York. Es común encontrar palabras que son muy familiares para los que trabajamos el ritual en inglés: zealseniorsquarestability, etc., del mismo modo que hay numerosas frases del ritual cuyo origen se haya en la Regla Benedictina. Vamos a ver algunos de los elementos masónicos en los que se reconoce la Regula Monachorum.

La labor del Guardatemplo está inspirada en el capítulo LXVI "Del portero del monasterio":
A la puerta del monasterio póngase a un anciano discreto, que sepa recibir y dar respuestas, y cuya madurez no le permita estar ocioso. Este portero debe tener su celda junto a la puerta, para que los que lleguen encuentren siempre presente quién les responda. En cuanto alguien golpee o llame un pobre, responda enseguida "Gracias a Dios" o "Bendíceme", y con toda la mansedumbre que inspira el temor de Dios, conteste prontamente con fervor de caridad.
Resulta obvio que la llamada a la puerta de la abadía conllevaba un breve intercambio de frases ("dar y recibir respuestas"), por lo general bendiciones, hasta cierto punto semejantes al ritual de Primer Grado.

El Cand., preparado por el Guardatemplo Exterior según las normas establecidas, se encuentra en el exterior, ante la puerta de la Logia. El G.E. da tres golpes espaciados en la puerta. Dando los golpess de Ap. más espaciados, el G.E. indica que el Cand. está preparado.
Guardatemplo Interior se levanta, hace el Paso y el Signo de Aprendiz y se dirige al S.V. Hno. Segundo Vigilante, llaman a la puerta de la Logia mantiene el Signo.
S.V. sentado, da golpes de Ap. Se levanta, hace el Paso y el Signo de Aprendiz y se dirige al V.M. — Venerable Maestro, llaman a la puerta de la Logia mantiene el Signo.
V.M. — Hno. S.V., preguntad quién solicita admisión.
S.V. corta el Signo y se sienta Hno. G.I., ved quién solicita admisión.
G. I. corta el Signo, se dirige a la puerta de la Logia y la abre. Sin salir de la Logia, situado en el umbral, con la mano en el pomo de la puerta, se asegura de que el Cand. esté debidamente preparado y pregunta en voz alta al G.E. ¿Quién os acompaña?
G.E. desde fuera El Sr. ... nombre y apellidos del Cand., un pobre candidato, falto de luz...


La mesa del Ágape. Los monjes pasaban (y pasan) en el refectorio una parte significativa de su tiempo. Esto, unido a la naturaleza tan esencial del hecho de comer, provocó que las refecciones estuviesen ritualizadas de un modo que resaltaba la autoridad del abad y la jerarquía de aquellos en quienes delegaba. Esta demostración de la jerarquía se realizaba por el lugar que cada uno ocupaba en el refectorio, el cual era presidido por la mesa del abad, que es lo que en protocolo moderno denominamos «mesa de honor». La disposición de la mesa durante el Ágape, habitualmente en U, con el Venerable presidiendo la Mesa de Honor y los dos Vigilantes cuidando de las columnas, está inspirada en el capítulo LVI "La mesa del Abad".
Reciba siempre el abad en su mesa a huéspedes y peregrinos. Cuando los huéspedes sean pocos, puede llamar a los hermanos que él quiera; pero procure dejar uno o dos ancianos entre los hermanos, para que mantengan la disciplina.
Los monjes se sentaban en las mesas según su prelación en el organigrama del monasterio. Este lugar no se podía cambiar a voluntad, tal y como disponía la Regla de Ferreolo:
…nadie se atreva a ir a otra mesa diferente de aquella en la que se ha determinado que coma y no se permita a nadie aceptar a otro que venga desde otra mesa para comer en la suya, sino que cada cual coma en la mesa que se le ha asignado, de tal manera que, si en la mesa estuviere ausente la mayor parte de los hermanos, si quedan tres, que se siente cada uno en la suya. Los que queden por debajo de este número que coman en otra mesa según el orden que se ha determinado.
Actualmente, en el protocolo masónico, los hermanos que no pueden levantarse de la mesa son los miembros de la mesa de honor y los dos Vigilantes. En el caso del Venerable Maestro y los Vigilantes, si no tienen más remedio que levantarse, deben dejar a otro hermano ocupando su lugar, pues son asientos que no pueden estar vacantes.


Disposición habitual de los monjes en el refectorio


Ágape Fraternal en dos Logias masónicas


Las plegarias. No hay ninguna ceremonia masónica en la Masonería Antigua que no comience elevando una plegaria. Este hecho viene establecido por el mismo prólogo, donde podemos leer:
In primis, ut quidquid agendum inchoas bonum, ab eo perfici instantissima oratione deposcas.
Ante todo, cuando te dispones a realizar cualquier obra buena, pídele con oración muy insistente y apremiante que él la lleve a término.

Pero sucede además algo muy curioso: aunque agendum suela ser traducido en el ritual de Emulación en español como «obra», no significa eso. Agendum es la forma sustantiva del neutro de agendus, lo que se traduciría como «lo que va a ser hecho», o dicho en inglés «what we are about to do», palabras que aparecen en el Ritual de Emulación: 
V.M. — Que el candidato se arrodille mientras invocamos la bendición del Cielo sobre los trabajos que vamos a realizar.
Let the Candidate kneel while the blessing of Heaven is invoked on what we are about to do.
Es decir, el la versión inglesa del ritual de Emulación se ciñe al término latino.


La asamblea y el Comité de Logia parecen estar inspirados en el capítulo III "El Consejo comunitario":
Siempre que en el monasterio haya que tratar asuntos de importancia, convoque el abad a toda la comunidad, y exponga él mismo de qué se ha de tratar. Oiga el consejo de los hermanos, reflexione consigo mismo, y haga lo que juzgue más útil. Hemos dicho que todos sean llamados a consejo porque muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor.
Los hermanos den su consejo con toda sumisión y humildad, y no se atrevan a defender con insolencia su opinión. La decisión dependa del parecer del abad, y todos obedecerán lo que él juzgue ser más oportuno. Pero así como conviene que los discípulos obedezcan al maestro, así corresponde que éste disponga todo con probidad y justicia.
Pero si las cosas que han de tratarse para utilidad del monasterio son de menor importancia, tome consejo solamente de los ancianos (Seniors), según está escrito: "Hazlo todo con consejo, y después de hecho no te arrepentirás".

En el capítulo LVIII, "El modo de recibir a los Hermanos", encontramos algunos detalles de la ceremonia de Iniciación. Se hace mucho hincapié en que se lea y relea la Regla al candidato, del mismo modo que se hacía mucho énfasis, no solo en los Antiguos Deberes, sino también en la Masonería especulativa, a que se leyesen los Estatutos (aunque el 12 de septiembre de 1979 la UGLE decidió que se comenzasen a eliminar las recomendaciones de leer los Estatutos).
No se reciba fácilmente al que recién llega para ingresar a la vida monástica, sino que, como dice el Apóstol, "prueben los espíritus para ver si son de Dios".
Por lo tanto, si el que viene persevera llamando, y parece soportar con paciencia, durante cuatro o cinco días, las injurias que se le hacen y la dilación de su ingreso, y persiste en su petición, permítasele entrar, y esté en la hospedería unos pocos días. Después de esto, viva en la residencia de los novicios, donde éstos meditan, comen y duermen. Asígneseles a éstos un anciano que sea apto para ganar almas, para que vele sobre ellos con todo cuidado.
Debe estar atento para ver si el novicio busca verdaderamente a Dios, si es pronto para la Obra de Dios, para la obediencia y las humillaciones. Prevénganlo de todas las cosas duras y ásperas por las cuales se va a Dios. Si promete perseverar en la estabilidad, al cabo de dos meses léasele por orden esta Regla, y dígasele: He aquí la ley bajo la cual quieres militar. Si puedes observarla, entra; pero si no puedes, vete libremente.
Si todavía se mantiene firme, lléveselo a la sobredicha residencia de los novicios, y pruébeselo de nuevo en toda paciencia. Al cabo de seis meses, léasele la Regla para que sepa a qué entra. Y si sigue firme, después de cuatro meses reléasele de nuevo la misma Regla.
Y si después de haberlo deliberado consigo, promete guardar todos sus puntos, y cumplir cuanto se le mande, sea recibido en la comunidad, sabiendo que, según lo establecido por la ley de la Regla, desde aquel día no le será lícito irse del monasterio, ni sacudir el cuello del yugo de la Regla, que después de tan morosa deliberación pudo rehusar o aceptar.

El siguiente párrafo es, con toda probabilidad, el origen de que el Candidato entre a la Logia medio vestido y medio desnudo.
Después, en el oratorio, sáquenle las ropas suyas que tiene puestas, y vístanlo con las del monasterio. La ropa que le sacaron, guárdese en la ropería, donde se debe conservar, pues si alguna vez, aceptando la sugerencia del diablo, se va del monasterio, lo que Dios no permita, sea entonces despojado de la ropa del monasterio y despídaselo. Pero aquella petición suya que el abad tomó de sobre el altar, no se le devuelva, sino guárdese en el monasterio.




El Brindis por los Hermanos Ausentes, el cual se celebra a las 21:00, está inspirado en el capítulo LXVII, "Los hermanos que salen de viaje". Las horas canónicas en las que San Benito estableció la distribución del día según los rezos fueron maitines (medianoche), laudes (3:00), prima (6:00), tercia (9:00), sexta (12:00), nona (15:00), vísperas (18:00) y completas (21:00). En el citado capítulo encontramos el siguiente texto:
Los hermanos que van a salir de viaje, encomiéndense a la oración de todos los hermanos y del abad. Y en las preces conclusivas de la Obra de Dios, hágase siempre conmemoración de los hermanos ausentes.
«Las preces conclusivas» de la Obra de Dios son las oraciones con que finaliza el oficio de Completas, oficio que tiene lugar a las nueve de la noche. Y el brindis masónico por los hermanos ausentes, que tiene lugar a las nueve de la noche, es una modalidad secularizada de lo que, en la Regla Benedictina, era la oración por los hermanos que se hallaban de viaje.



La Escalera de Jacob, que aparece en el Tablero de Trazo de Primer Grado, aparece en el capítulo VII "La humildad":
Debemos erigir la escalera que se le apareció a Jacob en su sueño, por la cual se le mostraron los ángeles subiendo y bajando. Sin duda, entendemos esto como el ascenso que experimentamos por la humildad y el descenso que sufrimos por el orgullo.
El capítulo VII "La humildad" es el más extenso e importante de la Regla Benedictina. En él se van exponiendo los doce grados de humildad que debe cumplir el monje en su perfección. Este capítulo es tan fundamental que es el que se empleará en el manuscrito Regius (c.1395) para crear la primera versión secularizada de un camino iniciático, al sustituir los doce grados de humildad por las siete artes liberales. Un tema de tanta importancia como el manuscrito Regius ha requerido su propia entrada en el blog, la cual pueden leer aquí:



El Signo de Socorro de la Masonería Antigua, que es el que se mantiene en Estados Unidos, Escocia e Irlanda, también proviene de la Regla Benedictina. El Ritual de Emulación describe así los distintos Signos de Socorro:

El Signo de Socorro se hace ... Este Signo tiene su origen en el momento en que nuestro Maestro se dirigía de la puerta norte del Templo a la del este, y cuando su agonía fue tal que la transpiración formaba grandes gotas en su frente. Utilizó, pues, este Signo — lo hace y el candidato lo imita — como alivio temporal a sus sufrimientos. En algunos países europeos el Signo de Socorro se hace …, exclamando «¡Ayudadme — corta el Signo y el candidato lo imita —, hijos de la Viuda!», suponiendo que todos los Maestros Masones somos hijos de Hiram Abiff, quién fue hijo de una viuda. En Escocia, Irlanda y los Estados Unidos de América, el Signo de Socorro se hace de una tercera forma, elevando las manos … y … en tres movimientos distintivos mientras se exclama «¡Oh Señor Dios mío, oh Señor Dios mío, oh Señor Dios mío! ¿No hay ayuda para el hijo de la Viuda?».
La primera descripción del Signo de Socorro en el ritual es la propia de Inglaterra, es decir, la que empleaban los Modernos de Londres. La segunda es la forma francesa. Pero la que nos interesa es la tercera, la Escocia, Irlanda y Estados Unidos, pues son los tres países donde se mantiene la Masonería Antigua más pura. La triple repetición de la última frase viene perfilada en varios capítulos de la Regla. El capítulo XVIII Ordenación de la Salmodia comienza con las siguientes palabras: 
En primer lugar se ha de comenzar con el verso «Dios mío, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme», gloria y el himno de cada hora.

En el capítulo XVII Cuántos salmos se han de cantar a dichas horas encontramos el siguiente texto:
A la hora de prima se dirán tres salmos separadamente, esto es, no con un solo gloria, y el himno de la misma hora después del verso «Dios mío, ven en mi auxilio». Acabados los tres salmos, se recita una lectura, el verso, Kyrie eleison y las fórmulas conclusivas.
Y del mismo modo, en el capítulo XXXV Los semaneros de cocina, encontramos un elemento ritual semejante:
Los semaneros que terminan y comienzan la semana, el domingo, en el oratorio, inmediatamente después del oficio de laudes, se inclinarán ante todos pidiendo que oren por ellos. Y el que termina la semana diga este verso: «Bendito seas, Señor Dios, porque me has ayudado y consolado». Lo dirá por tres veces y después recibirá la bendición. Después seguirá el que comienza la semana con este verso: «Dios mío, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme». Lo repiten también todos tres veces, y, después de recibir la bendición, comienza su servicio. 

Los tratamientos. En el capítulo LVIII "Del orden en el monasterio" encontramos esta alusión a los tratamientos, de donde seguramente proceda el hábito masónico de tratarse como hermanos:
Al nombrarnos unos a otros nadie podrá dirigirse a otro solo por su nombre, sino que los más viejos se dirigirán a los más jóvenes hermanos (brethren), como hermanos (brothers); no obstante los más jóvenes se dirigirán a sus ancianos (elders) como "padre", lo que implica que les deben la reverencia que se debe a un padre.


En ocasiones nos encontramos curiosas coincidencias. Por ejemplo si comparamos este párrafo del Manuscrito Dumfries nº 4 (documento de corte arminiano, mucho más próximo al catolicismo que el calvinismo imperante en la zona)
5.- ¿El misterio de los querubines?
R.- Primero significaban la gloria celestial y la vida eterna que debe venir. Pintados a imagen del hombre, representan el coro de los santos ángeles y de los santos, que cantan el Te Deum laudamus
con este párrafo del capítulo XI "Vigilias dominicales":
Después del cuarto responsorio empiece el abad el himno Te Deum laudamus. Una vez dicho, lea el abad una lectura de los Evangelios, estando todos de pie con respeto y temor.


Seiscientos años son muchos años, máxime si tenemos en cuenta las transformaciones que ha experimentado la Masonería. Pero no podemos olvidar que, en sus orígenes operativos, antes de la Reforma Protestante y de la creación de la Iglesia Anglicana, los masones constituían un gremio minuciosamente católico, al punto de que las primeras quemas de documentación masónica tienen lugar en Inglaterra cuando la corona inglesa empieza a acosarlos por mantenerse en su fe católica y su resistencia a aceptar el anglicanismo. Paulatinamente, y sobre todo desde la introducción del calvinismo en Escocia por John Knox, la Masonería comenzaría a evolucionar hacia algo distinto.

jueves, 7 de enero de 2016

MASONERÍA Y PROTESTANTISMO.

Ruinas de la catedral de San Andrés en Fife (Escocia). La que fue la catedral más grande de Escocia fue abandonada durante la Reforma de John Knox y, falta de mantenimiento, las duras condiciones meteorológicas del Mar del Norte acabaron reduciéndola a escombros.


Esta entrada del blog va a ser algo distinta, en el sentido de que, en lugar de rescatar algún aspecto histórico o curioso de la Masonería, predominantemente Antigua, voy a intentar exponer una serie de ideas, un tanto inconexas y no necesariamente coherentes, acerca de la importancia del Protestantismo en la Masonería, así como plantear algunas preguntas y posibilidades acerca de la Masonería Moderna. Reconozco de entrada mi ignorancia en el tema, así como mi incapacidad para ofrecer un esquema al respecto totalmente coherente y defendible. Más bien pretendo abrir el melón.


Sorprendentemente hay poca bibliografía sobre este tema, salvo alguna mención del historiador David Stevenson, y algunas opiniones vertidas en blogs franceses. Hay también un libro escrito por varios autores (Dachez, Tournu, Issartel, Combes, Hivert - Messeca, etc.) bajo el título Protestantisme et Francmaçonnerie, de la tolérance religieuse a la réligion de la tolérance (¡cuánta grandeur tienen los títulos franceses!) publicado en 2000. Este libro está descatalogado, pero la crítica que aparece del mismo en el número 14 de Politica - Hermetica, con el subtítulo de Le souverain caché (El soberano escondido), nos menciona las líneas generales de cada autor: Dachez hace énfasis en el carácter filoprotestante de la Masonería inglesa, y lo hace contrastar con el carácter criptocatólico de la Masonería escocesa (sobre esto volveremos después). Tournu hace resaltar el trabajo previo, dentro del protestantismo inglés, sobre el Templo de Salomón, pero esto sin duda se debe a la saturación que la cultura londinense experimentó en torno al Templo de Salomón desde el incendio de 1666, que obligó a reconstruir Londres. Issartel e Hivert-Messeca se van ya por el análisis político y social dentro de unas coordenadas que seguramente sean más francesas que inglesas.



John Knox, el gran
reformista escocés.
Quiero empezar citando un párrafo escrito por el historiador David Stevenson en The Origins of Freemasonry plantea la posibilidad de que la Masonería sea una respuesta al efecto destructivo de la Reforma en las Logias. la Reforma implicó un cambio no sólo en las creencias religiosas, sino también en la misma vivencia de la religión. Antes de la Reforma la religión no ofrecía únicamente un conjunto de creencias, sino que también sus ritos eran el acompañamiento de los momentos más importantes de la vida (nacimiento, matrimonio y muerte), de modo que los solemnizaba y realzaba su importancia social. Pero con la llegada del Protestantismo la religión se desplazó de las obras a unos abstractos actos de fe, y los rituales y procesiones de las fraternidades fueron prohibidos. La Reforma supuso la completa abolición de la faceta religiosa de los gremios, y fraternidades de naturaleza únicamente religiosa sencillamente desaparecieron, pues la razón fundamental de su existencia, cuidar del alma de sus miembros tras la muerte por medio de misas, había sido abolida por el Protestantismo. Las festividades de los santos dejaron de celebrarse, y las procesiones se suprimieron. Los autos no fueron proscritos, pero sí regulados, y la vida religiosa de los gremios desapareció casi en su totalidad. Stevenson coincide con Dachez en que la reacción inicial de las Logias escocesas es aferrarse al catolicismo, pero Stevenson solo lo afirma de las Logias de Edimburgo, aunque muy probablemente sí fuese un hecho más generalizado, pues un fenómeno semejante sucedió con las Logias operativas en Inglaterra, donde la nueva Iglesia Anglicana las consideró igualmente como criptocatólicas, al punto de que fue en las Logias inglesas de la Reforma donde se llevaron a cabo las primeras incineraciones de documentos de la historia para evitar que la Corona castigase a sus miembros.

Con el paso del tiempo la mayoría de los gremios se fue ajustando a la nueva religión, pero al cabo de dos generaciones la Masonería fue desarrollando una elaborada forma de ritual propio. ¿Es posible considerar la aparición de la organización y el ritual masónico como una respuesta tardía a la Reforma? David Stevenson así lo considera. La cuestión es por qué fue el gremio de masones únicamente el que desarrolló estos rituales, diferenciándose del resto de gremios. Stevenson sostiene que esto se debió a que el gremio de masones era en algunos aspectos diferente del resto. Probablemente tuviese ya, antes de la reforma, sistemas secretos de reconocimiento, así como una mitología notablemente florida, y las influencias renacentistas de la Arquitectura de Vitruvio, con sus referencias al culto Egipcio, habrían singularizado la masonería como una artesanía especial. Además, William Schaw había reformado la organización de la Masonería, disponiendo un sistema de Logias donde el ritual podía desarrollarse.


Es en 1717 donde aparece la primera situación que ofrece más dificultad de comprensión. La Masonería del norte de Inglaterra, Escocia e Irlanda iba en un camino marcado por el misticismo. Sin embargo, cuando se forma la Gran Logia de los Modernos, se pretende llevar la Masonería por un camino distinto, por lo que se plantea la primera pregunta de difícil respuesta de la Masonería en relación con el Protestantismo:

¿Por qué los Modernos, pese a contar con clérigos protestantes en su fundación, no querían que su Masonería tuviese carácter místico? 


La razón por la que los ni Antiguos, ni escoceses ni irlandeses reconocieron a la Gran Logia de los Modernos fue porque habían renunciado a la Iniciación. Ahora bien, tras renunciar a la Iniciación, ¿para qué se fundaban Logias de manera incesante?  Más aún, si eres un Pastor protestante y tu vida está articulada por la fe, ¿qué interés puedes tener en ignorar la visión beatífica? La situación llegaría al aparente absurdo de tener que ver cómo, en 1877, quien promovía la entrada de ateos en el GODF era precisamente otro Pastor protestante, Frédéric Desmons. 



Miembros de la Real y Antediluviana Orden de Búfalos

Otro aspecto que conviene tener en cuenta es que en el entorno anglosajón la Masonería no es algo tan claramente delimitado y separado del resto de la sociedad como en la Europa continental. Hay infinidad de órdenes paramasónicas, las cuales se dedican principalmente a fines caritativos: en el Reino Unido, a pesar del cese de actividad que supuso para la mayoría de ellas el Acta de Sociedades Ilegales de 1799, han otras existido órdenes sumamente importantes. Seguramente la más importante fuese la Antigua Orden de Druidas, fundada en 1781. Para que nos hagamos una idea de las dimensiones que adquirió, ofrecemos unos datos comparativos: en 1813, año de la Unión Masónica, los Modernos contaban en suelo inglés con 386 Logias y los Antiguos con 260. En 1846, la Antigua Orden de Druidas contaba, solo en Inglaterra, con 330 Logias y más de 310.000 miembros. 



Orden de Jardineros
Otra Orden sumamente importante era (y es) la Real y Antediluviana Orden de Búfalos, la cual en 1949 contaba -solo en la Commonwealth, sin contar con la Jurisdicción de Estados Unidos- con más de 4.000 Logias. Mencionemos también la Antigua Orden de Guardabosques, que en diciembre de 2012 tenía censados 65.221 miembros, solo en Inglaterra. Hacia 1950 existían en Inglaterra más de 30.000 Fraternidades, de las que en 2015 únicamente quedan unas 150. Resulta imposible estimar qué porcentaje de ingleses pertenecían a estas órdenes durante la primera mitad del Siglo XX. En 1950 la población inglesa ascendía a 40 millones de almas, de los cuales aproximadamente un 5 - 7% de los varones pertenecían a estas asociaciones. 



Uno de los mejores libros para conocer desde una perspectiva actual este tipo de fraternidades es Discovering Friendly and Fraternal Societies, de Victoria Solt Dennis. Es un libro muy popular y vistoso, con infinidad de fotografías en color, y tiene la relativa ventaja de que se centra en las Fraternidades creadas en suelo británico y deja al margen las estadounidenses, con lo cual facilita la comparación.  Basta hojearlo un poco para percatarse de algunas cosas: en primer lugar, que si bien estas Órdenes están estructuradas en Grados y tienen oficialías, ninguna ofrece nada que se parezca remotamente al Arco Real. En segundo lugar, que el simbolismo y la regalía es semejante, totalmente bíblico, aunque choca que un pasaje bíblico que aparece mucho en estas asociaciones no se encuentre en la Masonería: el buen samaritano. Otra cosa que se aprecia es que en suelo británico aparecieron Órdenes paramasónicas específicas para tratar el alcoholismo. Eran las denominadas Órdenes de Templanza, de simbolismo igualmente masónico, y donde se intentaba rehabilitar a quienes padeciesen esta problemática. Entre estas Órdenes destacaban los Rechabitas, los Hijos de la Templanza o los Buenos Templarios.


Mandil de la Orden Rechabita.
En Estados Unidos los porcentajes fueron sin duda alguna mayores entre la población blanca y protestante. La razón por la que muestro estas cifras es porque, si bien en la Europa continental la Masonería es una actividad sumamente restringida, en el contexto protestante anglosajón tiene un nicho tan amplio como ineludible. Dicho de otro modo: forma parte de la estructura ideológica y religiosa de la sociedad. Todas emplean regalía masónica y su fin es siempre el mismo: llevar a cabo obras de caridad. Lo que me hace plantearme una última cuestión: damos por sentado que en la Unión Masónica de 1813 los Antiguos obligaron a los Modernos a rendirse; con cierto honor, pero a rendirse. Sin embargo no deberíamos olvidar que, si bien esto fue así, el resto de fraternidades que emergieron se parecían mucho a los Modernos; es más, como veremos, seguramente respondían a la misma necesidad que ellos, ocupando un espacio amplísimo dentro del ámbito espiritual anglosajón. Seguramente, y visto en conjunto, el modelo que triunfó en el ámbito británico fue el no místico, aunque fuese bajo el nombre de otros gremios y asociaciones. En realidad, y aunque formalmente los rituales de la UGLE sean de naturaleza nítidamente iniciática -aun con las deficiencias del Arco Real inglés-, cualquiera que conozca mínimamente la Masonería inglesa sabe que no tiene el carácter purista de la escocesa, sino que sigue siendo un club donde la Iniciación es ignorada y a lo que sí se presta mucha atención es a la caridad. Los Antiguos pudieron imponer su modelo ritual, pero muy probablemente el modelo cultural inglés pervivió.


Regalía de la Orden de San Andrés de Antiguos Jardineros Libres.



Leñadores del Mundo

Hace casi dos años Víctor Guerra publicaba en su blog Masonería Siglo XXI un documento tan interesante como ignorado: los registros de una Logia en la que se habían presentado infinidad de planchas de naturaleza científica. Esa Logia no era la única que había hecho tal cosa. Este asunto lo vimos en la entrada



y aunque seguramente habría más Logias que hubiesen realizado actividades semejantes, desde luego no parecía que la presentación de Lecturas científicas fuese algo muy extendido; una cosa eran las Logias de la metrópoli cuyos miembros eran también miembros de la Royal Society, y otra las Logias de lugares tan distantes como Bristol o Birmingham. En el medio plazo, difícilmente podía ser esta la razón de ser del crecimiento de la Gran Logia de Inglaterra.


Quien por primera vez me puso en la pista de encontrarle un hilo lógico a esta situación fue mi amigo R.B., protestante español de tercera generación que, a pesar de su juventud ya había ejercido como Pastor. R.B. había compartido conmigo el entusiasmo por recuperar la memoria de F. de P. Castells. Por el camino se nos atravesó el personaje de Juan Cabrera, figura icónica del protestantismo español, y la primera derivada fue constatar el gran número de protestantes españoles que habían sido Masones.

R.B. me llamó un día por teléfono: "Oye, creo que ya entiendo lo que estaba pasando entre los protestantes y la Masonería".



Para plantearlo de manera sencilla, el asunto era el siguiente: si hay algo que la Iglesia Católica ha imprimido a fuego en nuestra conciencia, es que si somos buenos iremos al cielo, y si somos malos iremos al infierno. La responsabilidad de nuestras obras recae sobre nosotros, al igual que las infinitas consecuencias de nuestros hechos. Tenemos un total poder de decisión y en virtud de nuestras elecciones podemos ganarnos el Paraíso o condenarnos al averno. Por esto mismo no se nos considera naturalmente malos. Caídos sí, pero podemos ser buenos y nos merecemos una oportunidad.

El Protestantismo cambia las reglas del juego. Fijémonos en la Cinco Solas:


1•SOLA SCRIPTURA: La Palabra de Dios es la máxima autoridad en materia de fe y práctica.

2•SOLUS CHRISTUS: La salvación se encuentra solo en Cristo, excluyendo así todo otro camino para llegar a Dios.
3•SOLA GRATIA: La salvación es un don de Dios. Por tanto, es algo que el pecador recibe de forma inmerecida basada en los méritos de Cristo.
4•SOLA FIDE: La salvación solo puede ser recibida cuando ponemos nuestra fe en Aquel que murió por nosotros, excluyendo la posibilidad de que nuestras obras puedan contribuir.
5•SOLI DEO GLORIA: El propósito de la salvación que recibimos es glorificar a Dios.

Si nos fijamos en los puntos 2, 3 y 4, alcanzar la Salvación es algo que queda totalmente fuera de nuestro ámbito de acción. Esto, desde el punto de vista teológico, supone que las obras son innecesarias, y ello ha redundado en que el Protestantismo carece de una teología de las obras. Algo que para el católico es tan obvio como que si quieres ir al cielo es mejor obrar bien con el prójimo en lugar de obrar mal, en el Protestantismo no queda claro. De hecho se le otorga una relación no de causa sino de efecto: si has sido elegido para ser salvo harás buenas obras y no malas. R.B. consideraba, y yo comparto, que los protestantes intentaban encontrar en la Masonería el método moral para las obras que el Protestantismo no podía ofrecerles.


Y lógicamente al cabo de unos días no pude evitar acordarme del aparente sinsentido de los Modernos y las órdenes paramasónicas como Búfalos, Jardineros, Guardabosques, etc. ¿y si lo que Anderson y compañía -y si lo que la cultura londinense de 1700, y posteriormente la cultura británica de 1800 en general- buscaban no era una escuela iniciática sino una escuela moral subordinada de facto a un sistema religioso que adolecía de falta de teología de las obras? Seguramente este sería el contexto en el que se justificaría que no quisieran desarrollar un sistema iniciático completo; y precisamente por esta razón las obras de caridad en las Logias tendrían, y siguen teniendo, una importancia tan hipertrofiada. 


Ahora bien, esto planteaba otras preguntas:


¿Fueron Anderson, Désaguliers y demás los que tomaron la decisión de adoptar ese modelo, o bien se adhirieron a otro modelo ya popularizado en Londres?


Estamos siempre tan fascinados con la fecha de 1717 que parece como si en El Ganso y la Parrilla hubiesen descubierto en una sola tarde la rueda y la imprenta juntas. Pero observemos cómo lo plantea David Stevenson en su biografía de James Anderson:

La moda por los clubs crecía de manera rápida en Londres, estando formados por grupos de amigos que se reunían por placer social, con prominencia de bebida y canciones en sus actividades. Algunos gustaban de añadir rituales de Iniciación a sus actividades, que iban desde las más lúdicas a las más serias, con una interdependencia basada en supuestos lazos con el pasado distante. Algunas tradiciones especialmente notables, como las de los canteros, habían sobrevivido desde la Edad Media, y algunos clubs habían adaptado estas antiguas tradiciones al nuevo mundo de los clubs londinenses. En 1717 algunos de estos clubes tematizados en torno a la Masonería decidieron agruparse, celebrar un banquete anual, y adoptar un cierto grado de coherencia y reconocimientos como Masonería, eligiendo un Gran Maestro. El simbolismo basado en las herramientas de cantería estaba bien establecido (escuadras, compases, etc.), y se recurrió a la tradición para ensalzar las virtudes masónicas de hermandad, armonía y secreto. 
Vaya por adelantado que no comparto en absoluto la imagen que da Stevenson de los Modernos como un grupo de amiguetes que crean un club con simbolismo masónico de cartón-piedra porque fuera hacía mal tiempo y se aburrían en casa. De hecho Stevenson es escocés y en sus textos le cuesta disimular el cierto desdén que siente por la Masonería inglesa. Pero pensemos que la Orden de Jardineros Libres surge en Escocia hacia 1650, y en 1730 ya existía la Orden de Odd Fellows (Tipos Raros) en Londres. Más bien parece como si la Masonería escocesa e irlandesa, con su germen esotérico y místico, fuese la excepción dentro de una regla que iba por otros derroteros, y que los Modernos formaban parte de una corriente social más amplia.

¿Cuál era el móvil original de las cuatro Logias que se reunieron en El Ganso y la Parrilla en 1717? Sabemos que ese modelo de Masonería, como toda la Masonería británica, acabó saturado de moralidad, pero no solo la Masonería original no tenía ese sesgo, sino que ni si quiera en 1730, en Masonry Dissected, se aprecia nada en este sentido. Tengamos además en cuenta que algunas de las primeras Logias desarrollaron una actividad más propia de la Royal Society. Las reformas apresuradas de los Estatutos realizadas en 1723 y las modificaciones de 1725 demuestran que se encontraron con un crecimiento que no esperaban. ¿Acaso querían ser una inicialmente cosa y la realidad social les llevó por otro lado?


¿Hasta qué punto podría considerarse a los Modernos como una más de las órdenes benéficas, si es que puede considerarse una más de ellas?


Este tema es para mirarlo más a fondo...

Quiero mencionar ahora algunas diferencias entre ritos británicos y ritos franceses que pueden ser interesantes:


1) En Emulación, al abrir en Tercer Grado, el último paso del rito de apertura es que los Hermanos se inclinan en dirección al Venerable mientras dice: "Con gratitud nos inclinamos ante nuestro Maestro". Inmediatamente el Venerable Maestro hace el Signo Real y dice "Toda la Gloria al Altísimo". Esto es lisa y llanamente el Soli Deo Gloria, y nada semejante aparece en los ritos franceses.


2) En Emulación y en York, en la Obligación del Tercer Grado, el nuevo Maestro ha de jurar que nunca tendrá contacto sexual con las familiares de ningún otro Hermano Masón que le sean encomendadas para su cuidado. Esto denota una perspectiva del ser humano totalmente culpable y protestante. Ningún rito creado en una nación de cultura católica, como Francia, incluye ni incluiría una condición así.


3) La forma en que se incorporó el elemento moral a los ritos de Emulación y York es muy distinta a la que se aprecia en REAA y Rito Francés. Los Ritos de York y Emulación incluyen tras la Iniciación extensas Exhortaciones al Iniciado en las que se le detallan minuciosamente sus deberes en todos los ámbitos de la vida. En REAA y RF los rituales giran en torno a los Cuatro Viajes patrocinados por los Cuatro Elementos, y el contenido de la Exhortación tras la Iniciación queda al libre albedrío del Orador. Sin embargo, ambos rituales incluyen las preguntas previas de ¿Qué debe el hombre...? (estas preguntas fueron ya practicadas por la Masonería londinense), así como el examen que experimentará al comienzo de la ceremonia y todo el aleccionamiento posterior (la primera vez que se tiene constancia de que el Candidato pueda responder libremente a las preguntas que se le plantean aparece en el Ritual de Bristol, hacia 1760). En el Segundo Grado, la Masonería británica (Antigua primero, y después también la Moderna) incorporó las leyendas de Josué y Jefté, mientras que en los ritos franceses, ajenos a los problemas del sistema de Grados inglés, estas no se incorporaron, como apenas se incorporó tampoco el simbolismo del Templo de Salomón.



En fin, dejo aquí esta entrada destartalada con más preguntas que respuestas.